Desde los ocho años, escribir ha sido una constante en su vida. Lo que comenzó como una forma de imaginar historias y mundos propios terminó convirtiéndose, con el paso de los años, en una verdadera vocación.
Nunca dejó de escribir. Durante su infancia y adolescencia llenó páginas con relatos y pensamientos que encontraban en el papel un lugar donde existir. La escritura creció con ella, acompañándola en cada etapa y convirtiéndose poco a poco en una manera de comprender el mundo y, especialmente, a las personas que lo habitan.
Fue durante sus estudios de Integración Social cuando descubrió otra parte esencial de su vocación. El contacto con diferentes realidades sociales, las historias personales y la comprensión de las emociones y dificultades de otras personas le permitieron encontrar una nueva perspectiva desde la que escribir. Comprendió que su interés por las personas y su pasión por contar historias estaban profundamente conectados.
Desde entonces, sus experiencias, su observación de la realidad y su imaginación se entrelazan en una escritura centrada en las personas y en todo aquello que las hace complejas, vulnerables y únicas.
Después de tantos años escribiendo de manera ininterrumpida, desde aquella niña de ocho años que comenzó a llenar sus primeras páginas hasta la escritora que es hoy, escribir ya no es solamente una afición: es su forma de expresarse, de explorar otras realidades y de dar voz a las historias que merecen ser contadas.